Happenings provides references on art events, exhibitions, biennales, art fairs and festivals, with a focus on Abstraction in Action artists and post-90s abstraction from Latin America.
The fragments of our happiness: this could have also been the title of our exhibition Buenos Aires. At Kuckei + Kuckei, the Argentinian artist Miguel Rothschild, who lives in Berlin, is charting his home town anew. In so doing, he is challenging – with every step – conventional demarcation lines and, not least, those between reality and fiction.
For his Atrapasueños series (English: Dream Catcher), the artist photographed telephone lines and electric cables in one of the slums. Their course is reproduced precisely on smashed shatterproof glass. Two centimetres separate the glass and the photo from one another: in this empty interstice, any questions that arise are allowed to remain open.
It is as if Klotho, Lachesis and Atropos were spinning their threads above the city on the Río de la Plata and deciding their fate anew with every day that passes, Rothschild presents a photo – Parzen über Buenos Aires, which explodes the frame and metamorphoses into an installation – by means of cords that replace extension cables and reach to the end of the exhibition wall.
The work entitled Memento mori. Work in progress is subject in a very special way to the principle of die and become. The photograph shows a harp, a shabby-looking shop sign overrun by rust; it bears the inscription Creaciones and dates from 1963, the year the artist was born. As soon as a visitor approaches the work, two extremely powerful spotlights are activated by motion sensors. In the course of time, this light will change the artwork, which has, from the very start, devoted itself to disappearing. It becomes paler, whiter, more translucent and consequently clear to every one of us that it is full of life.
El análisis de la formas geométricas ha sido un tópico tematizado y problematizado por las diferentes manifestaciones artísticas a lo largo de la historia de la arte. Haciéndose eco de esta reflexión y mostrando distintos exponentes del arte contemporáneo local e internacional que desarrollan sus trabajos en diferentes disciplinas, la galería Aldo de Sousa se complace en pre- sentar un eje curatorial que gira en torno a las variaciones sobre el círculo generadas a partir del disloque rítmico de la repetición. Constantes interrumpidas por la irrupción de la variación sobre lo circular, desde lo otro, también, artístico.
Cada uno de los artistas, desde su identidad, aporta al criterio riqueza plástica y teórica. Las variaciones están sujetas a diferentes enfoques que colocan el énfasis en distintos procesos creativos y estéticos. El círculo se encuentra rodeado y atravesado por aspectos que lo confor- man: desde (1) lo morfológico, en los trabajos de Alexis Minkiewicz (Argentina, b. 1988), donde el grafito sobre papel deconstruye en el espacio una secuencia circular que vira hacia líneas explosivas que se expanden y se contraen en sutiles monocromías; (2) desde lo cromático en la pintura de Graciela Hasper (Argentina, b. 1966) que, a partir de la combinación de elementos esféricos superpuestos, lleva al ojo hacia juegos ópticos y cinéticos de quirúrgico trazo. Desde (3) el material que utiliza Juan Pablo Inzirillo (Argentina, b. 1986) dotando de pureza al color y la imagen, arrojando el pigmento en polvo al vacío de transparencias plásticas en espacios de silencios metafísicos. También trabajando sobre la materia, Ramiro Oller (Argentina, b. 1982) combina el uso de elementos industriales al servicio del brillo y su reflejo y las texturas de sus superficies descubren una geometría (4) sensible al tacto.
Paula Rivas (Argentina, b. 1976) se sirve del movimiento para recrear (5) estructuras molecula- res mediante piedras minerales y dispositivos cinéticos que utilizan el círculo como módulo compositivo. Y siguiendo en esa línea reflexiva, Sebastián Mejía (Colombia, b. 1982) ubica lo esférico en (6) lo real ahí donde el ojo común tiende a subestimarlo y obviarlo, exponiendo el dominio de la geometría en la naturaleza, obligándonos a creer en una física que opera por encima de nuestro entendimiento y tentándonos a poner las sensaciones por encima del pensamiento: el círculo como origen.
Sobre un rico y variado abanico de soportes y herramientas compositivas se erige este conjun- to de artistas (dibujo, pintura, escultura, fotografía, nuevos soportes, materiales industriales) para problematizar sobre la abstracción, la geometría y las variaciones sobre el círculo a partir de su repetición en el arte contemporáneo.
La distancia que separa el presente del futuro se mide de modos diferentes y en unidades de medida variables en cada época. Ora el futuro parece estar al alcance de la mano, ora se aleja hasta lo inalcanzable. En ocasiones esta distancia se mide en nano segundos, otras en años, décadas y siglos. Los ingenieros intentan traducir la dimensión temporal a otra espacial y determinar la distancia entre presente y futuro con categorías físicas como millas, horas, kilovatios, o con el tacómetro, mientras que a los artistas les toca –no pocas veces– registrar las ruinas que bordean ese camino. Mientras que en el arte esta distancia es vivenciada de forma extremadamzente subjetiva y no lineal, la ciencia y la tecnología aspiran a la objetividad y plausibilidad.
El temor al mañana o, por el contrario, su anhelo, hará aparecer siempre al futuro en un matiz y extensión diferentes.
El futuro como el gran relato del arte
Desde la perspectiva eurocéntrica la cronología en el hemisferio occidental comienza recién en 1507, cuando el nombre “América” aparece por primera vez en un mapamundi de Martin Waldseemüller. Sin embargo, el hecho de que el continente estuviese poblado desde hace más de veinte mil años solía ignorarse, entre otras cosas, porque durante la conquista se destruyó una gran parte del patrimonio indígena.
Ante esta aniquilación a gran escala de una historia y un pasado, no es de extrañar que en Sudamérica también el futuro haya tenido que aplazarse una y otra vez. Esto es particularmente cierto para Brasil, el eterno “país del futuro”. Que en los últimos años ese futuro haya logrado alcanzarse –quizás por primera vez– se debe a un aceleramiento cultural en el que colaboraron, entre otros, las bienales de arte. De modo que estaremos bien aconsejados si entendemos el futuro por medio de la visión de los artistas.
Traspasando los hemisferios, la 2a Bienal de Montevideo desplegará aquellos grandes relatos que harán reducir, aumentar o incluso converger las distancias temporales y espaciales entre los continentes.
El título sugiere que en todos los momentos de la historia el presente ha sido una proyección hacia el futuro. Quizá el pasado y el presente no sean otra cosa que una acumulación de futuros imaginarios que entretanto alcanzaron los 500 años y se encuentran divididos en dos mitades, porque en Sudamérica siempre se tuvo que considerar o incluso vivir la historia de Europa.
Hasta el tiempo fue importado de Europa. En el año 1650 el Rey Felipe III donó un reloj que fue creado por los moros para la Alhambra, a la Catedral de Comayagua (Honduras). Es considerado el reloj más antiguo de América y todavía funciona correctamente.
Una comparación de este antiguo reloj árabe con el tiempo autoconstruido del proyecto Standard Time de Mark Formanek es muy sugestivo. El primero marca el comienzo de la mecánica moderna en América; el último, el retorno consciente a formas artesanales de producción. En el intento por construir cada minuto con la ayuda de tablas de madera, los trabajadores de Standard Time se mueven permanentemente al borde del fracaso. Se trata de una visualización del tiempo que –de manera precaria– todos los días pretende construir un puente entre el pasado y el futuro y que, no obstante, debe ser actual y puntual. Un sólo error interrumpiría para siempre el flujo inexorable del tiempo.
Mientras que los llamados “medios sociales” incrementan la velocidad, como si de esta forma uno podría acercarse más rápidamente al futuro y a otras personas, cada vez más artistas ven como la tarea más noble del arte la detención del curso del tiempo o, más aún, la posibilidad de construirlo ellos mismos.
Por esta razón los artistas contemporáneos recurren crecientemente a archivos de todo tipo que aluden al pasado: objetos de otras épocas, fotografías en blanco y negro de principios del siglo, películas vintage y found footage de los inicios del cine, entre otros. Ahora que todo ya ha sido fotografiado y filmado, y porque se confía cada vez menos en las promesas del presente, armar archivos parece haberse convertido en uno de los procedimientos más modernos. En estas obras se suprime la habitual concepción lineal del tiempo y el progreso, por lo que, en no pocos casos, el artista contemporáneo llega tarde, procesando temáticas antiquísimas.
El arte es una máquina del tiempo que pertenece tanto a las eras más remotas como al presente y, precisamente, la cercanía inesperada entre lo más antiguo y lo más nuevo es una de las paradojas del arte.
Este show faz parte da turnê do disco homônimo e traz uma parceria com a artista Chiara Banfi, responsável pela ambientação do espaço. Em Cine Privê, Domênico é acompanhado por uma superbanda, formada por Pedro Sá (guitarra), Alberto Continentino (baixo), Stephane San Juan (bateria) e Claudio Andrade (teclados).